Yoani Sanchez es una bloguera que vive en Cuba y que manifiesta ideas de oposición a la dictadura castrista. No hace mucho le fue concedido el premio Ortega y Gasset del periodico EL PAIS, pero la dictadura castrista no le deja salir de Cuba para recogerlo. Aquí está lo que dice en su blog sobre el tema. Aconsejo a los lectores visitar su blog.
http://desdecuba.com/generaciony/
Cuando lean este post, estaré sentada en la sala de espera de la oficina de Inmigración y Extranjería del municipio Plaza. Entre uniformes militares, mi pasaporte aguarda por un permiso para viajar que me ha sido negado en dos ocasiones. Durante el último año, los obedientes soldados que se dedican a limitar nuestra libertad de movimiento no me han permitido cumplir con invitaciones internacionales. En sus bases de datos y al lado de mi nombre debe haber una marca que me condena al confinamiento insular. La lógica posesiva de este Estado-papá ve normal que yo, como castigo por escribir un blog, como tirón de orejas por haberme creído una persona libre, no reciba la “tarjeta blanca”.
Lo que menos deseo en este viernes de burocracia y expectación, es que termine con alguien poniéndome la mano en el hombro para decirme: “Nos equivocamos contigo, ya puedes salir”. No creo que enmienden “el error” de impedirme viajar, ni siquiera alimento la mínima esperanza de montarme en el avión el 29 de marzo. Me sentaré en el atestado recibidor de la casona de 17 y K con solo un par de motivos: importunarlos con mi testarudez y reclamar mis derechos. Mostrarles el documento visado que me da entrada a muchas partes del mundo, mientras “ellos” frenan mi desplazamiento. Estaré ahí, segura de que un día toda esa maquinaria para sacar ganancias y generar fidelidades ideológicas –en que se ha convertido el permiso de salida– dejará de existir.
Les confieso que no quiero que me permitan viajar como una dádiva, fantaseo más bien con que –hoy mismo– mientras espero el tercer “no”, alguien sale anunciando que tan violatoria regulación acaba de derogarse. Presiento que saldré de Cuba cuando todos puedan hacerlo libremente, pero mientras tanto, seguiré asediándolos con mis exigencias, mis posts y mis preguntas.
Les dejo aquí la planilla que tuve que llenar para solicitar el permiso de salida: Hoja 1 y Hoja 2
sábado, 21 de marzo de 2009
lunes, 9 de marzo de 2009
He aquí un fragmento del libro “ El regreso del idiota” de Plinio apuleyo, Carlos Alberto Montaner y Alvaró Vargas Llosa que trata sobre los problemas que enfrentan los países latinoamericanos para su desarrollo. En este libro los autores hacen un analisis sobre los factores que impiden el desarrollo de estos paises. Los autores fundamentalmente echan la culpa del bajo desarrollo de la zona en la carencia de un estado de derecho fuerte. En que los estados latinoamericanos con frecuencia no solo no protegen la propiedad y la inversiones de los particulares sino que ellos mismos participan en su saqueo, lo cual da lugar a que las inversiones se produzcan en condiciones muy onerosas y dirigidas al corto plazo a las inversiones ¿Quién presta al insolvente? eh aquí el fragmento de este interesante libro:
La pobreza latinoamericana desmiente muchas elucubraciones acerca de las causas del desarrollo. Estas nublada teorías atribuyen el desarrollo a factores como una abundancia de recursos naturales, unos términos de intercambio favorables, una baja densidad de población, la cantidad de capital disponible o la educación estatal.
Venezuela es el quinto exportador de petróleo en el mundo y sin embargo la mitad de su población mavive en la pobreza. El porcentaje de pobres ha subido de 44 al 53% en cinco años y ahora anda por el 45% aun cuando en ese mismo periodo el precio del barril de petróleo se ha quintuplicado (Caracas manipula el estadística eliminando del porcentaje de pobres a quienes reciben un estipendio gubernamental a través de las “misiones”) Los recursos naturales y los términos de intercambio no son per se un factor determinante del desarrollo.
Argentina, un vasto territorio con las tierras más fértiles del hemisferio, tiene una densidad de población de sólo 11 habitantes por km2 y sin embargo se las ha arreglado para pasar de ser una de las doce naciones más prósperas del mundo a comienzos del siglo XX a producir poco más de ciento ochenta mil millones de dólares al año en la actualidad, casi seis veces menos que España, un país con un número de habitantes no muy superior. La baja densidad poblacional tampoco es el secreto del éxito.
Si la educación por si sola, y especialmente la estatal, fuese la clave del desarrollo, la disparidad productiva entre Argentina y España sería harto difícil de explicar, pues Argentina tuvo durante la mayor parte del siglo XX un nivel educativo superior y una vida cultural más intensa que la madre patria. Uno puede subirse a un taxi en el aeropuerto bonaerense de Ezeiza y oír, boquiabierto, la taxista exponer poemas de Walt Whitman o explicar con detalle la teoría de la relatividad. Pero este humillante nivel educativo (humillante para el pasajero del taxista, claro) por sí solo no impide que en Argentina un 40% de la población sea pobre.
¿Es acaso el stock de capital, es decir la cantidad de capital con que cuente un país en un determinado momento un factor determinante del desarrollo? En la década de 1990, más de 400 mil millones de dólares de inversión extranjera acudieron presurosos a la región, que se había puesto de moda. Sin embargo, la economía apenas creció apenas 1,5% al año por habitante en promedio y la pobreza no disminuyó. Como anotó el economista liberal Meter Bauer hace treinta y cinco años, “aun cuando el aumento del capital sea un factor concomitante del desarrollo económico, no es una condición suficiente para que se produzca”. Los hechos confirman su conclusión de que “afirmar que el capital se va creando con el proceso mismo del desarrollo se ajusta más a la verdad que la afirmación según la cual el desarrollo se debe a la acumulación de capital”.
Por tanto: si los recursos naturales, los términos de intercambio, el número de habitantes por km2, la educación y el stock de capital no son en si mismos la madre del desarrollo ¿Qué factor lo es? Aun cuando algunos de estos elementos, en especial la acumulación de capital, son síntomas de desarrollo, y otros, como la educación, permiten explotar mucho mejor sus posibilidades, las causas de este proceso, como lo han comprendido muchos estudiosos, tienen mucho que ver con el clima institucional ¿Qué es el clima institucional? No tiene nada que ver con la meteorología. Se trata, más bien, de las reglas y castigos dentro de la cual se desenvuelve la actividad humana, expresadas tanto en las leyes y normas de la sociedad como en los valores que informan la conducta de la gente.
Si el clima es impersonal, tiende a descentralizar el poder y ofrece a los ciudadanos un alto grado de seguridad con respecto a sus propiedades y sus contratos, el resultado suele ser un crecimiento económico y sostenido y por tanto prosperidad a mediano plazo. Si las reglas limitan la capacidad de los gobernantes o de terceros de violentar el espacio soberano del individuo, el efecto será por lo general un marco que brinda incentivos para la iniciativa creadora de pequeños, medianos y grandes emprendedores, y por tanto para el ahorro y la inversión, precipitando el aumento de la productividad, que es lo que permite fabricar la riqueza de forma perpetua.
La pobreza latinoamericana desmiente muchas elucubraciones acerca de las causas del desarrollo. Estas nublada teorías atribuyen el desarrollo a factores como una abundancia de recursos naturales, unos términos de intercambio favorables, una baja densidad de población, la cantidad de capital disponible o la educación estatal.
Venezuela es el quinto exportador de petróleo en el mundo y sin embargo la mitad de su población mavive en la pobreza. El porcentaje de pobres ha subido de 44 al 53% en cinco años y ahora anda por el 45% aun cuando en ese mismo periodo el precio del barril de petróleo se ha quintuplicado (Caracas manipula el estadística eliminando del porcentaje de pobres a quienes reciben un estipendio gubernamental a través de las “misiones”) Los recursos naturales y los términos de intercambio no son per se un factor determinante del desarrollo.
Argentina, un vasto territorio con las tierras más fértiles del hemisferio, tiene una densidad de población de sólo 11 habitantes por km2 y sin embargo se las ha arreglado para pasar de ser una de las doce naciones más prósperas del mundo a comienzos del siglo XX a producir poco más de ciento ochenta mil millones de dólares al año en la actualidad, casi seis veces menos que España, un país con un número de habitantes no muy superior. La baja densidad poblacional tampoco es el secreto del éxito.
Si la educación por si sola, y especialmente la estatal, fuese la clave del desarrollo, la disparidad productiva entre Argentina y España sería harto difícil de explicar, pues Argentina tuvo durante la mayor parte del siglo XX un nivel educativo superior y una vida cultural más intensa que la madre patria. Uno puede subirse a un taxi en el aeropuerto bonaerense de Ezeiza y oír, boquiabierto, la taxista exponer poemas de Walt Whitman o explicar con detalle la teoría de la relatividad. Pero este humillante nivel educativo (humillante para el pasajero del taxista, claro) por sí solo no impide que en Argentina un 40% de la población sea pobre.
¿Es acaso el stock de capital, es decir la cantidad de capital con que cuente un país en un determinado momento un factor determinante del desarrollo? En la década de 1990, más de 400 mil millones de dólares de inversión extranjera acudieron presurosos a la región, que se había puesto de moda. Sin embargo, la economía apenas creció apenas 1,5% al año por habitante en promedio y la pobreza no disminuyó. Como anotó el economista liberal Meter Bauer hace treinta y cinco años, “aun cuando el aumento del capital sea un factor concomitante del desarrollo económico, no es una condición suficiente para que se produzca”. Los hechos confirman su conclusión de que “afirmar que el capital se va creando con el proceso mismo del desarrollo se ajusta más a la verdad que la afirmación según la cual el desarrollo se debe a la acumulación de capital”.
Por tanto: si los recursos naturales, los términos de intercambio, el número de habitantes por km2, la educación y el stock de capital no son en si mismos la madre del desarrollo ¿Qué factor lo es? Aun cuando algunos de estos elementos, en especial la acumulación de capital, son síntomas de desarrollo, y otros, como la educación, permiten explotar mucho mejor sus posibilidades, las causas de este proceso, como lo han comprendido muchos estudiosos, tienen mucho que ver con el clima institucional ¿Qué es el clima institucional? No tiene nada que ver con la meteorología. Se trata, más bien, de las reglas y castigos dentro de la cual se desenvuelve la actividad humana, expresadas tanto en las leyes y normas de la sociedad como en los valores que informan la conducta de la gente.
Si el clima es impersonal, tiende a descentralizar el poder y ofrece a los ciudadanos un alto grado de seguridad con respecto a sus propiedades y sus contratos, el resultado suele ser un crecimiento económico y sostenido y por tanto prosperidad a mediano plazo. Si las reglas limitan la capacidad de los gobernantes o de terceros de violentar el espacio soberano del individuo, el efecto será por lo general un marco que brinda incentivos para la iniciativa creadora de pequeños, medianos y grandes emprendedores, y por tanto para el ahorro y la inversión, precipitando el aumento de la productividad, que es lo que permite fabricar la riqueza de forma perpetua.
sábado, 28 de febrero de 2009
Texto de Samuel Huntington
Uno de los problemas más importantes de los países árabes ha sido la debilidad de sus estados. Los musulmanes en general no entienden el estado moderno tipo occidental con la separación de sus tres poderes: ejecutivo, judicial y legislativo, ni tampoco el concepto de laicidad con la separación entre religión y política. Huntington define a las sociedades occidentales como una U invertida tribu o familia estado-nación religión Mientras que los países árabes tienen una estructura de U en donde predominan la tribu y la religión y queda minimizado el estado-nación una de las principales caracteristicas de nuestra civilización Occidental. He aquí el texto de Samuel Huntington sobre este importantísimo problema del mundo árabe-islámico.
La estructura de lealtad política entre árabes y, más en general entre musulmanes, ha sido en general la opuesta de la de Occidente moderno. Para éste, el Estado nacional ha constituido el súmum de la lealtad política. Las lealtades más limitadas están subordinadas a ella y quedan subsumidas en la lealtad al estado nacional. Los grupos que trascienden los Estados Nacionales –colectividades lingüisticas o religiosas, o civilizaciones- han impuesto una lealtad y un compromiso menos intensos. Así, en un continuo que vaya de las entidades más reducidas a las más amplias, las lealtades occidentales tienden concentrarse en el centro, de manera que la curva de intensidades tiende a concentrarse en el centro, de manera que la curva de intensidad de la lealtad forma en cierta medida una U invertida. En el mundo islámico, la estructura de lealtad ha sido casi exactamente la contraria. El Islam ha tenido un centro hueco en su jerarquía de lealtades. Como ha dicho Ira Lapidus, “las dos estructuras fundamentales, originales y persistentes” han sido la familia, el clan y la tribu, por un lado, y las unidades de cultura, religión e imperio en una escala cada vez mayor”, por el otro, “el tribalismo y la religión (islam) desempeñaron y desempeñan todavía”, decía así mismo un investigador libio, “un papel significativo y determinante en los acontecimientos sociales, económicos, culturales y políticos de las sociedades y sistemas políticos árabes. De hecho están entrelazados de tal manera que son considerados los factores y variables más importantes que configuran y determinan la cultura política árabe y el espiritu político árabe”. Las tribus han sido fundamentales para la política de los estados árabes, muchos de los cuales, como dice Tahsin Bashir, son simplemente “tribus con banderas” . El fundador de Arabia Saudí, tuvo éxito, en gran parte, gracias a su habilidad a la hora de crear una coalición tribal a través del matrimonio y otros medios, y la politica saudí ha seguido siendo una política en buena parte tribal en la que los sudaris están enfrentados a los Xamar y a otras tribus. Al menos dieciocho tribus importantes han desempeñado papeles significativos en la evolución libia, y se dice que en Sudán viven unas quinientas tribus, la mayor de las cuales abarca el 12% de la población del paìs.
La estructura de lealtad política entre árabes y, más en general entre musulmanes, ha sido en general la opuesta de la de Occidente moderno. Para éste, el Estado nacional ha constituido el súmum de la lealtad política. Las lealtades más limitadas están subordinadas a ella y quedan subsumidas en la lealtad al estado nacional. Los grupos que trascienden los Estados Nacionales –colectividades lingüisticas o religiosas, o civilizaciones- han impuesto una lealtad y un compromiso menos intensos. Así, en un continuo que vaya de las entidades más reducidas a las más amplias, las lealtades occidentales tienden concentrarse en el centro, de manera que la curva de intensidades tiende a concentrarse en el centro, de manera que la curva de intensidad de la lealtad forma en cierta medida una U invertida. En el mundo islámico, la estructura de lealtad ha sido casi exactamente la contraria. El Islam ha tenido un centro hueco en su jerarquía de lealtades. Como ha dicho Ira Lapidus, “las dos estructuras fundamentales, originales y persistentes” han sido la familia, el clan y la tribu, por un lado, y las unidades de cultura, religión e imperio en una escala cada vez mayor”, por el otro, “el tribalismo y la religión (islam) desempeñaron y desempeñan todavía”, decía así mismo un investigador libio, “un papel significativo y determinante en los acontecimientos sociales, económicos, culturales y políticos de las sociedades y sistemas políticos árabes. De hecho están entrelazados de tal manera que son considerados los factores y variables más importantes que configuran y determinan la cultura política árabe y el espiritu político árabe”. Las tribus han sido fundamentales para la política de los estados árabes, muchos de los cuales, como dice Tahsin Bashir, son simplemente “tribus con banderas” . El fundador de Arabia Saudí, tuvo éxito, en gran parte, gracias a su habilidad a la hora de crear una coalición tribal a través del matrimonio y otros medios, y la politica saudí ha seguido siendo una política en buena parte tribal en la que los sudaris están enfrentados a los Xamar y a otras tribus. Al menos dieciocho tribus importantes han desempeñado papeles significativos en la evolución libia, y se dice que en Sudán viven unas quinientas tribus, la mayor de las cuales abarca el 12% de la población del paìs.
lunes, 26 de enero de 2009
domingo, 28 de diciembre de 2008
Muerte del Intelectual Samuel P. Huntington
La gran suerte para un intelectual es haber escrito un libro que haya anticipado un importante acontecimiento histórico y que, a partir de ese momento, admiradores y detractores vuelvan a esa obra para interpretar la nueva situación. Es lo que le ocurrió a Samuel P. Huntington tras el 11-S, que todo el mundo se acordó de 'El choque de civilizaciones', un polémico libro que había publicado en 1996 y en el que defendía que, después de la caída del Muro de Berlín, los conflictos y las guerras procederían de las diferencias culturales y de la religión, no de las ideologías. El enfoque vino como anillo al dedo para miles de comentaristas y todos los ojos se posaron en él. La gran suerte para un intelectual es haber escrito un libro que haya anticipado un importante acontecimiento histórico y que, a partir de ese momento, admiradores y detractores vuelvan a esa obra para interpretar la nueva situación.
Es lo que le ocurrió a Samuel P. Huntington tras el 11-S, que todo el mundo se acordó de 'El choque de civilizaciones', un polémico libro que había publicado en 1996 y en el que defendía que, después de la caída del Muro de Berlín, los conflictos y las guerras procederían de las diferencias culturales y de la religión, no de las ideologías. El enfoque vino como anillo al dedo para miles de comentaristas y todos los ojos se posaron en él.
Huntington murió el pasado 24 de diciembre a los 81 años en Martha's Vineyard (Massachussets, Estados Unidos
Choque de civilizaciones es un libro muy discutido por sus tesis, pero aporta importantes hallazgos e ideas para entender nuestro mundo actual. Es una obra que creo debe leer cualquier persona culta.
Es lo que le ocurrió a Samuel P. Huntington tras el 11-S, que todo el mundo se acordó de 'El choque de civilizaciones', un polémico libro que había publicado en 1996 y en el que defendía que, después de la caída del Muro de Berlín, los conflictos y las guerras procederían de las diferencias culturales y de la religión, no de las ideologías. El enfoque vino como anillo al dedo para miles de comentaristas y todos los ojos se posaron en él.
Huntington murió el pasado 24 de diciembre a los 81 años en Martha's Vineyard (Massachussets, Estados Unidos
Choque de civilizaciones es un libro muy discutido por sus tesis, pero aporta importantes hallazgos e ideas para entender nuestro mundo actual. Es una obra que creo debe leer cualquier persona culta.
jueves, 25 de diciembre de 2008

Desde hace 350.000 años ha habido cuatro glaciaciones, en periodos de cien mil años. Como pueden ver en los gráficos la concentración de CO2 en partes por millón variaba con la temperatura global. Las glaciaciones están motivadas por la excentricidad de la elipse de la orbita de la Tierra, que varía en periodos de cien mil años. El aumento actual del CO2, principal responsable del efecto invernadero del cual tanto se habla es debido en parte al ciclo climático y también a la emisión de los gases como el CO2 y el metano, producto de la industrialización. La concentración de CO2 a comienzos de siglo cuando la industrialización en el mundo era débil, era de 273 ppm y actualmente es de 380 ppm y va aumentando cada año.
domingo, 14 de diciembre de 2008
Texto de Amin Maalouf
Texto del libro Las Cruzadas vistas por los musulmanes del escritor libanés libanés Amin Maalouf. Este libro habla de las Cruzadas vistas a través de autores árabes de su tiempo. Es una visión interesante sobre aquel fenómeno que tuvo una gran importancia en el desarrollo de la historia del occidente europeo.
Los Frany consiguieron crear, nada más llegar a Oriente, verdaderos Estados. En Jerusalem, generalmente la sucesión se producía sin tropiezos; un consejo del reino ejercía un control efectivo en la política del monarca y el clero desempeñaba un papel reconocido en el juego del poder. En los estados musulmanes no sucede nada de esto, toda transmisión del poder provocaba una guerra civil. ¿ Hay que echarle toda la culpa de este fenómeno a las sucesivas invasiones que volvían a cuestionar constantemente la propia existencia de los estados? ¿Hay que responsabilizar de ello a los orígenes nómadas de los pueblos que dominaron esta región, se trate de los propios árabes, de los turcos o de los mogoles? En este epílogo no se puede zanjar tal cuestión. Contentémonos con dejar sentado que se sigue planteando, en términos casi iguales, en el mundo árabe de finales del siglo XX.
La ausencia de instituciones estables y reconocidas no podía dejar de tener consecuencias en lo tocante a las libertades. Entre los occidentales, el poder de los monarcas se rige, en la época de las cruzadas, por principios que es difícil vulnerar. Usama hace la observación, durante una visita al reino de Jerusalén, de que “cuando los caballeros dictan una sentencia, el rey no puede modificarla ni anularla.” Aún más significativo es e siguiente testimonio de Ibn Yubayr en los últimos días de su viaje a Oriente:
Al salir de Tibnin (cerca de Tiro), hemos cruzado una ininterrumpida serie de casas de labor y de aldeas con tierras eficazmente explotadas. Sus habitantes son todos ellos musulmanes pero viven con bienestar entre los frany -¡Dios no libre de las tentaciones¡- Sus viviendas les pertenecen y les han dejado todos sus bienes. Todas las regiones controladas por los frany en Siria se ven sometidas a este mismo régimen: las propiedades rurales, aldeas y casas de labor han quedado en manos de los musulmanes. Ahora bien, la duda penetra en corazón de gran número de estos hombres cuando comparan su suerte con la de sus hermanos que viven en territorio musulmán. Estos últimos padecen la injusticia de sus correligionarios mientras que los frany actúan con equidad.
Hace Bien en preocuparse Ibn Yubayr, pues acaba de descubrir, en los caminos del actual sur del Libano, una realidad preñada de consecuencias: aun cuando el concepto de la justicia entre los frany presente algunos aspectos que podrían calificarse de “bárbaros”, como destaca Usama, su sociedad tiene la ventaja de ser “distribuidora de derechos”. Es cierto que aún no existe la noción de ciudadano, pero los feudales, los caballeros, el clero, la universidad, los burgueses e incluso los campesinos infieles tienen todos unos derechos claramente establecidos. En el Oriente árabe, el procedimiento de los tribunales es más racional; sin embargo no existe límite alguno para el poder arbitrario del príncipe. Ello sólo podía suponer un retraso para el desarrollo de las ciudades comerciales así como para la evolución de las ideas.
Los Frany consiguieron crear, nada más llegar a Oriente, verdaderos Estados. En Jerusalem, generalmente la sucesión se producía sin tropiezos; un consejo del reino ejercía un control efectivo en la política del monarca y el clero desempeñaba un papel reconocido en el juego del poder. En los estados musulmanes no sucede nada de esto, toda transmisión del poder provocaba una guerra civil. ¿ Hay que echarle toda la culpa de este fenómeno a las sucesivas invasiones que volvían a cuestionar constantemente la propia existencia de los estados? ¿Hay que responsabilizar de ello a los orígenes nómadas de los pueblos que dominaron esta región, se trate de los propios árabes, de los turcos o de los mogoles? En este epílogo no se puede zanjar tal cuestión. Contentémonos con dejar sentado que se sigue planteando, en términos casi iguales, en el mundo árabe de finales del siglo XX.
La ausencia de instituciones estables y reconocidas no podía dejar de tener consecuencias en lo tocante a las libertades. Entre los occidentales, el poder de los monarcas se rige, en la época de las cruzadas, por principios que es difícil vulnerar. Usama hace la observación, durante una visita al reino de Jerusalén, de que “cuando los caballeros dictan una sentencia, el rey no puede modificarla ni anularla.” Aún más significativo es e siguiente testimonio de Ibn Yubayr en los últimos días de su viaje a Oriente:
Al salir de Tibnin (cerca de Tiro), hemos cruzado una ininterrumpida serie de casas de labor y de aldeas con tierras eficazmente explotadas. Sus habitantes son todos ellos musulmanes pero viven con bienestar entre los frany -¡Dios no libre de las tentaciones¡- Sus viviendas les pertenecen y les han dejado todos sus bienes. Todas las regiones controladas por los frany en Siria se ven sometidas a este mismo régimen: las propiedades rurales, aldeas y casas de labor han quedado en manos de los musulmanes. Ahora bien, la duda penetra en corazón de gran número de estos hombres cuando comparan su suerte con la de sus hermanos que viven en territorio musulmán. Estos últimos padecen la injusticia de sus correligionarios mientras que los frany actúan con equidad.
Hace Bien en preocuparse Ibn Yubayr, pues acaba de descubrir, en los caminos del actual sur del Libano, una realidad preñada de consecuencias: aun cuando el concepto de la justicia entre los frany presente algunos aspectos que podrían calificarse de “bárbaros”, como destaca Usama, su sociedad tiene la ventaja de ser “distribuidora de derechos”. Es cierto que aún no existe la noción de ciudadano, pero los feudales, los caballeros, el clero, la universidad, los burgueses e incluso los campesinos infieles tienen todos unos derechos claramente establecidos. En el Oriente árabe, el procedimiento de los tribunales es más racional; sin embargo no existe límite alguno para el poder arbitrario del príncipe. Ello sólo podía suponer un retraso para el desarrollo de las ciudades comerciales así como para la evolución de las ideas.
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